Los seres humanos buscamos ser felices y lo hemos hecho desde tiempo inmemoriales. No todos tenemos el mismo concepto de felicidad y lo que hace felices a algunos puede ser un tormento para otros.
Precisamente dar con eso que nos hace felices a todos ha sido uno de los objetivos del estudio sobre felicidad más largo y detallado jamás realizado: El estudio de desarrollo de adultos de Harvard, conocido popularmente como el estudio de Harvard.
La investigación, que se puso en marcha en los años 30 del siglo pasado y aún continúa, evidenció que lo que realmente nos hace felices a las personas son las relaciones sociales positivas. De hecho, los investigadores descubrieron que quienes habían forjado lazos y conexiones sociales más fuertes a los 50 años, estaban en mejor forma a los 80 que los que no siguieron esta premisa.
David G Blanchflower y Andrew J Oswald publicaron un estudio en Social Science & Medicine en el que afirmaban que la felicidad tenía forma de U, es decir, que las personas alcanzamos nuestro nivel máximo de felicidad en edades tempranas para, conforme avanza la vida, ir bajando hasta llegar al punto máximo de infelicidad en la mediana edad. Luego la curva volvería a subir y llegaríamos a otro punto de máxima felicidad en la vejez.
Para el estudio se emplearon los datos de 500 000 estadounidenses y europeos occidentales de 72 países muestreados de manera aleatoria. Los investigadores constataron que la curva en U era similar en los países de Europa del Este, América Latina y Asia.
Entonces ¿cuál es la edad en la que tocamos fondo? Según la curva de la felicidad es exactamente a los 47,2 años. Es esta una edad en la que generalmente tenemos una visión más realista de la vida y cargamos con más responsabilidades, factores que pueden aumentar el nivel de estrés. Esta crisis de la mediana edad también se vería afectada por la situación laboral, de salud y por esas metas que en su día nos marcamos y a las que nunca llegamos.
Llegados a este punto, es posible que nos desanimemos, pero no tenemos por qué pues, según la curva de la felicidad (recordemos que en forma de U), una vez hemos llegado a la máxima infelicidad, empezamos a remontar hasta alcanzar un pico alto de felicidad en la vejez.