El estrés se origina debido a la alarma de incendios interna ante un correo urgente o el tráfico. En el proceso, se liberan hormonas en la sangre, por lo que surge la duda respecto si el nivel de azúcar podría aumentar debido a las exigencias del día.
Este fenómeno convierte las preocupaciones en un sabotaje metabólico. Aunque se cuide la dieta, la tensión mantiene la glucosa elevada, actuando como una barrera que impide el control de la salud.
La respuesta es un rotundo sí, pero varía según la salud actual. Ante una amenaza, el cuerpo busca supervivencia inmediata y vuelca sus reservas de energía en el torrente para poder reaccionar.
El impacto resulta mucho mayor y más rápido en personas que ya presentan una resistencia previa a la función de la insulina. Estas son las claves de la reacción física, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EU (CDC), y un estudio disponible en Springer Nature.
Situaciones que no parecen estrés emocional también cuentan. Dormir poco o estar deshidratado se interpreta como una crisis física, elevando el azúcar en la sangre mediante una inyección de combustible.
Todo inicia en la amígdala cerebral al detectar una amenaza. Esta envía una señal directa hacia el hígado y las glándulas suprarrenales, ordenando producir glucosa sin esperar otras señales.
Existen mecanismos internos que provocan este desajuste. El cortisol, la hormona del estrés, impide que los músculos capten el azúcar,dejándola libre en la sangre mientras el páncreas tiene dificultades para responder.
Así funciona el proceso, como lo explica un estudio publicado en la revista Cureus:
El hígado realiza gluconeogénesis, fabricando azúcar desde otras fuentes. Esto es peligroso si se está sentado en una oficina, ya que esa energía no se quema y se acumula de forma muy perjudicial.
El estrés crónico mantiene elevados los niveles de lactato en la sangre. Cuando el nivel de azúcar en la sangre sube, el cuerpo pierde su capacidad natural de regularse y volver a un estado de calma.
La relación es bidireccional: el estrés empuja hacia la diabetes y la enfermedad genera más angustia. Esta tensión desgasta la capacidad de usar la insulina (hormona que regula en azúcar) y favorece la grasa más dañina.
El cortisol actúa como un antagonista directo de la insulina. Esta hormona cambia las cerraduras de las células para que la energía no entre, provocando que el azúcar se acumule en las venas.
Así se relaciona el estrés con la diabetes, de acuerdo con el estudio de Springer Nature y la Federación Mexicana de Diabetes (FMD):
El impacto emocional es devastador, según las estadísticas. El 40% de pacientes siente que el estrés impide cuidar su salud. La alerta constante por complicaciones perpetúa el problema metabólico.
No es posible eliminar los problemas, pero sí cambiar la reacción física. La clave consiste en quemar esa energía nerviosa y enseñar al sistema a desactivar la alarma con estrategias sencillas y cotidianas.
La actividad física es la herramienta más poderosa porque imita la respuesta de huida. Al caminar, se usa la el azúcar liberada por el estrés, permitiendo que las hormonas vuelvan a niveles normales.
Estas son estrategias que recomiendan los CDC y MedlinePlus:
No se debe subestimar el poder de la conexión social. Hablar con amigos reduce la percepción de peligro en el cerebro. Calmar la mente es una medicina real para mantener la sangre saludable.